jueves, 16 de febrero de 2012

Me quedo con mi pobreza,
Antes que ser tu esclavo.
El precio que deba pagar,
Será primero tu censura.

Mas luego me darás cárcel
Queriéndome quitar mi libertad.
Sin poder comprender
Que nací libre sin cadenas en mi conciencia.

Me quedo con mi libertad
Antes que ser un servil lacayo de tu poder
Mi simple mirada da respuestas a tu arrogancia
Por que le temes, al hombre que se pone de pie.

Me quedo con mi alegría,
Mis canciones al viento
Me quedo con mis versos
Llenos de pasión y rebeldía

También me quedo con mis silencios
Con los dientes apretados
Con mis puños cerrados
Y las voces desaparecidas.

Las que suenan en los oídos
De los nuevos dueños del poder
Las que le dan fuerzas
Al futuro que esta por nacer.

Elijo mi vida, no la tuya
Elijo mi pobreza no tu riqueza
Elijo vivir la vida con las manos limpias
Por que mis manos no tiene la sangre de unas fosas comunes.

No importa donde estés
No importa que tan grande sea tu poder
Aquí me tienes de nuevo
Para decirte que he vuelto a nacer.

martes, 31 de enero de 2012

Un circulo sin fin

Como saberlo el solo buscaba el horizonte y encontró la esperanza.
Aquella mañana de Abril cargo en su mochila alguna muda de ropa y sin mas se subió a su moto Esa Honda de 250 cilindradas era parte de sus sueños, con ella sabia que podía volar.
Con la tensa calma de los que dicen adiós, sin decir adiós, cerraba el puño de sus guantes y llevaba el casco cerrado hacia su cabeza. Nadie podía saber si se trataba de un humano, o era simplemente el fantasma de un hombre que no quería morir.
Salir a la ruta sin un rumbo definido ya era toda una aventura, pero ¿a donde ir?, si conocía su destino, pero no el camino.
La ruta a las tres de la mañana, solo es visitada por grandes camiones que cruzan el país llevando mercadería y siempre un lobo solitario al volante, apenas se deja ver.
La luz de aquella poderosa moto ilumina un camino mientras el viento cruza la fina cinta de asfalto que se le antoja un hilo gris sin final. El taco de su bota vuelve a pisar el pedal, acompaña su mano derecha el siguiente cambio y la moto salta buscando mayor velocidad.
Ciento ochenta kilómetros por hora marca aquel reloj y el viento comienza a sentir como el hombre con su maquina corta su intensidad, buscando hacerse dueño de un tiempo que ya no le pertenece.
Los árboles se desdibujan y se confunden en un paisaje, que aun es oscuro como la noche que va quedando detrás.
El hilo de algunos cables que cuelgan de poste en poste es su única guía al amanecer.
Y con el lleva el recuerdo de su sueño, y en su sueño solo reconoce aquel cabello de mujer.
El viento golpea su rostro fino y delicado, juega peinando y despeinando la abundante cabellera oscura que el sol ilumina haciéndola distinta, las olas revientan en un estrepitoso ruido que hoy no buscan la playa, es que el mar tan solo intenta besar sus pies. L a arena fina y blanca la acerca a la orilla y en su mano lleva un clavel rojo y en su mejilla una lágrima desciende sin saber por que.
Ese recuerdo distrae al hombre, que desconoce quien es la bella dama por que llora y donde esta aquella playa.
Todo le parece irreal, sin embargo todo le parece familiar.
Se pregunta si ella le conoce, si le extraña, si le busca como el a ella, se pregunta si otro sueño le devolverá la imagen con un rostro que el olvido parece quererle esconder.
Se pregunta si al encontrarla, ella caminara a su encuentro, o solo al mirarla reconocerá que ya tiene dueño.
Ya es tarde para preguntas que no encuentran respuesta pero la esperanza mueve aquella pasión, más que el combustible de una moto, que rueda en un circulo sin fin.

jueves, 12 de enero de 2012

Ella y El

Lleva cadencia en sus caderas irreverentes, osadía al caminar, su cabellera oscura, juega con el viento, es sexy y armoniosa.
Espera desafiante, taconeando Buenos Aires, mirando al puerto, esperando sin esperar
El se recuesta bajo un farol, fortaleza de su cerro que no se cansa de mirar al mar, toca los cielos sureños, acompaña la cruz del sur.
El es engreído, compadrito y guapo, camina y enciende un cigarro, casi con desprecio acaricia el ala de su sombrero saludando a su ciudad.
Montevideo,
melancólica,…
tanguera,…
murguera…
rocanrolera…
y tradicional.
La sueña,
la anhela,
la extraña
y le teme.
Ella siempre realista,
El irredento anarquista,
Ella dispuesta a negociar,
El es viento y voces cimarrones.,
que claman libertad.
Ella es frágil como el cristal, el tiene manos rudas de obrero.
Ella es delicada como la porcelana, el teme tomarla y romper su elegante estructura refinada.
Por que ella es la incógnita de la mujer, sencilla y arrogante, humilde y valiente.
Bella en su belleza de una tierra que se deja bañar, por es luna que pasea por la avenida, rodando cuesta abajo sin mirar atrás,
Ella en los barrios marginales desafía a la gran ciudad.
El se oculta clandestino, buscando cruzar el mar.
El sabe que volverá,
Ella lo espera sin llorar.
Ella es Buenos Aires llena de glamour de perfumes y modas que no pasaran.
El es Montevideo,
caballero rebelde con sueños sin realizar,
Son novios, son amantes,
Son un mar de soledades a orillas de este río que no necesita puentes para amar.

miércoles, 4 de enero de 2012

Sin saber

No saberlo, me molesta más, que si saberlo.
Es que acaso existe la posibilidad de entender el sentido de una vida que se repite en millones.
Éxitos y desgracias van por el mismo camino y cada uno de nosotros se puede topar con ellas o sortearlas para seguir viviendo la misma aburrida vida.
Un hombre solo, una escollera, en un puerto sin lugar, una gaviota vuela a lo lejos y un velero cruza el horizonte alejándose sin destino cierto.
Una joven despreocupada sostiene una flor roja como sus labios y tararea una canción llena de vida, en una trinchera de algún lugar donde la paz solo es una quimera.
Ancianos van por el mundo sosteniendo un recuerdo de su juventud, aquella juventud perdida en la cama de sus amantes, junto a una carta que nunca se animaron a enviar.
Niños juegan que matan en una guerra donde todos pierden, pero nadie se anima a decirles que la guerra no es un juego, por que no es un juego matar.
Un campo brilla al sol y el trigal desafía los frondosos bosques verdes, por que un río con aguas cristalinas separa lo que los hombres quisieran unir.
No bastan los puentes cuando los idiomas separan caprichosamente lo que todos sueñan con lograr.
Cuelga un hombre de un árbol, su crimen es no entender un dios extranjero, que de misericordia no entiende.
Y el avaro no deja de contar sus billetes, mientras el petróleo ensucia la tierra donde muren los sueños.
La información cruza los continentes con una sorprendente velocidad y mas sorprendente es saber, que no siempre dicen la verdad.
A si, un poeta, un peregrino, sin voz sin papel, sin palabras que inventar, el viento que se desprende del infinito, lleva sus generosos versos, hacia ningún lugar.
Y sus hojas sucias, manchadas por la carbonilla, llegan a mi ventana para explicarme que aun puedo soñar.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Olvidarte

Tan fácil será olvidarte.
Será como seguir tus huellas en la arena, puede ser en cualquier tarde de otoño, cuando al querer seguir tu rastro este se desvanezca en el mar.
Y aun así, pudiera querer seguir tu perfume, en el ancho mar.
Y aun así, pudiera seguir una estela, que me lleve al tormentoso mundo del dolor.
Perderé tu rastro como un navegante sin su estrella polar.
Sera tan fácil olvidarte como arrancarme la piel a jirones, será tan fácil como perder los sentidos vagando en el oscuro sabor del vino.
Olvidarte en cualquier sendero, cuando ya el sol pueda segar mis ojos y en mis retinas solo quede una sombra de lo que fue tu amor.
Olvidar el aire que respiro, olvidar que existe el cielo celeste, olvidar el vuelo del pájaro, que temeroso se esconde cuando se apaga la luz del sol.
Podré olvidar tu sabor en los labios de la rutina, mientras el vacío me hiera por que se va tras de ti.
Olvidarte en un torbellino del frío viento que envuelve a mi ciudad, recorriendo calles y bares solo preguntando si te han visto pasar.
Olvidarte, ¿como podría olvidarte?, si estas en todas partes.
Junto a una ventana que ve a la plaza, en el sillón del living, en la ropa por planchar.
En esa cama vacía, donde nos prometimos no ser igual que los demás.
Ya ves, te estoy olvidando cuando en un diario viejo, veo que en el mundo nada ha cambiado, y en la pagina siguiente otro hombre muere de frío y en soledad.
Olvidarte mujer…olvidarte… ¿como podría olvidarte?

jueves, 1 de diciembre de 2011

Una vez más soplo el viento del océano cargando de vitalidad las velas desplegadas, y el vuelo gentil de los albatros acompaño la nave que definitivamente se alejo de las costas.
Entonces los caminos de la tierra ya no fueron caminos, fueron estelas blancas que marcaron un rumbo en las profundas aguas de lo incierto.
Del cielo celeste surgieron colores oscuros, y se apagaron las estrellas que semejaban a faros de viejas estancias, donde la vida se colgaba y se perdía a gironés.
Las huellas del hombre se perdieron en historias que ya nadie recuerda, como los perfumes que de su piel fresca y joven se hicieron tan volátiles como el aire diáfano que permite alejarlo en silencio. Y fueron aquellos vientos sureños empeñados en esconderlos en los montes donde ya nunca nadie podrá volver a sentir su fragante aroma.
El hombre errante caminante de un mundo que le sorprendió en su inocencia hoy lo ve alejarse, y no se trata de de un vencido no se trata de un caído.
Se trata del cansancio que le envuelve desde la incompresion
Por que no ha dejado legado, ni historias, ni poesías, su nombre no tiene nombre, siendo un hombre de las esquinas.
No pudo ser recuerdo, ni memoria, mucho menos leyenda o mito.
Ha sido vasos de alcohol debajo de los faroles, naipes en tugurios y sombra de los arrabales.
Tan solo un largo sobretodo en la fría madrugada, un sombrero negro y debajo una rauda mirada.
Manos limpias y rápidas para empuñar un arma, por defensa pura de alcahuetes y de canas.
Herencia de los desposeídos, fueron el frío, la deshonra y la galleta quemada.
Ausente de las esperanzas, cuando los sueños le fueron prohibidos, desposeído de los futuros, por no ser parte de las tranzas.
Humilde entre los humildes, sin documento, sin números, ni guitarras, sin espacios donde derramar sus lagrimas.
Un hombre libre, una sombra en las noches, un vendaval de imposibles, rumbo al oscuridad de la desmemoria urbana.